Tendría que oler a tinta, me dije, al entrar en el despacho de Constantino Lorenzo Granda, director gerente de Imprenta La Versal. Pero no, el aroma, cargado de salitre, era el mismo que se respira en el pequeño puente de un barco. En las paredes, imágenes del portaaviones «Príncipe de Asturias», el buque insignia de la Armada española, y del «Juan Sebastián Elcano»; al fondo, una gran panoplia con toda clase de nudos marineros. Varias metopas, una bitácora, diversas cartas marinas y de navegación, sus títulos de mecánico naval y capitán de yate, y la fotografía de su barco actual.
En cuanto al carácter de Tino Lorenzo, a primera vista se observa el correspondiente: sobriedad, mesura, gentileza y mano izquierda. En esta clase de gente suele quedar poco sitio para la frivolidad. Rebasados con creces los 70 años, en la piel del anfitrión aún permanece ese color inconfundible que acaba por soldarse en el rostro de los hombres del Atlántico. Muy bien vestido, la armonía de colores en torno al marrón era perfecta («Son cosas de Berta», dijo.)
Natural de Gijón (enero de 1929), Tino Lorenzo es el menor de cuatro hermanos; el resto eran todo chicas. Una de ellas, Pepita, estuvo casada con Patricio Adúriz, el que fuera cronista oficial de la villa. «Nací en lo que llamaban la zona del Parrochu...».
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