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| El Rey, árbitro en España y mediador internacional |
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La mediación del Rey en la transición para legalizar todos los partidos o su actuación en el 23F es de sobra conocida, pero hay otras que no lo son tanto como las que realizó en los 32 años de reinado para limar asperezas entre Gobierno y oposición o su papel para propiciar la paz en Oriente Próximo o acercar a los países de Iberoamérica. Algunas de las tareas arbitrales del Rey, que el 5 de enero cumple 70 años, se iniciaron nada más llegar a la Jefatura del Estado para conseguir que la democracia se instalara en España y que este país fuera reconocido internacionalmente, según distintas fuentes diplomáticas consultadas. Fue el impulsor de conversaciones en el exilio con dirigentes del Partido Comunista de España y del Partido Socialista para poder terminar con las dos Españas y también para ganarse al Ejército, durante un tiempo reticente a tan drásticos cambios. Esa labor continuó a lo largo de los años. En más de una ocasión llamó al jefe del Ejecutivo y al líder de la oposición a sentarse frente a frente para dialogar, como en el caso de José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy, asegura una de las fuentes.
En noviembre del 2004, el matrimonio Bush recibió a los Reyes en el rancho Crawford para templar las relaciones bilaterales alejadas por la decisión del Gobierno español de retirar las tropas de Iraq. Pero ya antes, en 1997, el Monarca había invitado a Bill Clinton a navegar en su yate Fortuna por Mallorca. El entonces presidente estadounidense se llevó la sorpresa de que había un invitado más, José María Aznar.
La embajada del país norteamericano protestó argumentando que se trataba de un encuentro bilateral a lo que un portavoz de la Casa del Rey le respondió que era el barco de Don Juan Carlos e invitaba a quien quería, al menos así lo contó el rotativo New Yorker.
El presidente de Chile en el 2005, Ricardo Lagos, aseguró en la Cumbre de Salamanca que, mientras el Rey había dedicado sus primeros quince años como jefe de Estado a construir una España moderna y democrática, los quince siguientes se volcó en levantar una comunidad iberoamericana que se proyectase en el siglo XXI.
Algunos países han recurrido a la mediación del Rey, como Colombia en su contencioso con los grupos guerrilleros o la disputa entre Argentina y Uruguay por la puesta en marcha de una planta papelera en este segundo país.
En el 2005 intervino ante Mohamed VI de Marruecos para permitir la devolución de inmigrantes subsaharianos al país magrebí, con el que le unen relaciones de profunda amistad, que permitieron desbloquear situaciones complicadas como la invasión del islote español de Perejil.
Una de las más recientes mediaciones fue cuando el pasado 3 de noviembre habló con el presidente sirio, Bachard Al Asad, para convencerle de que su país participase en la Conferencia de Annapolis (Estados Unidos) en la que se trataron los conflictos en Oriente Próximo.
Su preocupación por pacificar esa zona del mundo hizo que propiciara la celebración en Madrid, en 1991, de la Conferencia de Paz de Oriente Medio donde tuvo la oportunidad de reunirse con los líderes mundiales implicados en el proceso, actuaciones que también ha desplegado en situaciones como la crisis en el Golfo Pérsico o solicitando la solidaridad internacional con Jordania.
Su influencia internacional sirve para que las compañías españolas se abran camino en el mercado mundial y los inversores acudan a España. No hay un sólo viaje de Estado en el que no figure un encuentro empresarial.
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