Fidel Castro, el hombre que condujo el destino de Cuba durante medio siglo con el anhelo de ganarse un lugar en la Historia, anunció hoy, a los 81 años y en medio de una grave enfermedad, que no puede permanecer en el cargo. En la historiografía revolucionaria figura con mayúsculas la consigna que dio a conocer a Castro al mundo: "Condenadme, no me importa, la Historia me absolverá", pronunciada en 1953 ante el tribunal que le condenó por el asalto al Cuartel Moncada, su primera acción armada contra la dictadura de Fulgencio Batista.
"Si tuviera que empezar de nuevo, enfilaría el mismo camino revolucionario. En modo alguno puedo darme por satisfecho del todo con lo alcanzado; siempre tendré la sensación de que pude hacerlo mejor", confesó muchos años después al comandante sandinista nicaragüense Tomás Borge.
Ahora, ya jubilado por razones de salud, según dijo él mismo este martes en un mensaje publicado en la prensa oficial, los cubanos tienen la palabra sobre su legado y su papel en la Historia.
Castro creó en Cuba un "comunismo caribe" con las recetas de Marx y Lenin, el legado de José Martí y una gran dosis de aportaciones propias, que dio como resultado un sistema único en el mundo.
El líder en el poder más antiguo de Occidente, con excepción de la Reina Isabel II, tuvo una larga lista de cargos: entre otros, presidente del Gobierno, de los Consejos de Estado y de Ministros, Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas y primer secretario del Partido Comunista de Cuba.
Aunque siempre negó que en Cuba existiera el culto a la personalidad, apuntan lo contrario el rosario de títulos que acumuló y la constante adulación de los medios oficiales y los altos funcionarios hacia su persona.
En la isla no hay estatuas de Castro, ni de ninguno de los héroes de la revolución vivos, pero los retratos de Fidel, y en menor grado de su hermano Raúl, cuelgan de despachos oficiales, empresas y hasta restaurantes.
Pero, más allá de esta compleja estructura, defensores y detractores coinciden en que su carisma y su habilidad política para transformar los fracasos en victorias fueron decisivos para la longevidad del sistema.
País con muchas asignaturas pendientes y muy corta historia como Estado libre tras la independencia de España en 1898, Cuba encontró en Castro un caudillo que parecía capaz de darle una identidad, acabar con las desigualdades históricas y abrir la puerta del futuro.
Castro introdujo en la isla reformas sociales, educativas y sanitarias sin comparación en América Latina en la época y colocó a Cuba en la agenda internacional, mientras se afianzaba en el poder.
En vísperas de su rotunda victoria en Bahía de Cochinos, en 1961, declaró "socialista" la revolución y abrazó a la ahora desaparecida URSS para asegurar la subsistencia económica del país, mientras crecía su enfrentamiento con Washington.
El enfrentamiento con Washington y las campañas en Africa y Centroamérica distrajeron de los problemas cotidianos a los cubanos, que un día se despertaron con un país colapsado tras la caída del bloque soviético y sumergido en el llamado "periodo especial", una economía de guerra en tiempos de paz que forzó a Castro a abrirse al turismo y al dólar.
A principios del siglo XXI, cuando parecía hundido y obligado a profundizar la apertura, encontró en el presidente venezolano, Hugo Chávez, un alumno aventajado dispuesto a utilizar su petróleo para ayudarle.
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