Kurt Albert es un especialista en escalada estilo libre. Ayer reunió a un buen número de aficionados en su intervención en el teatro Jovellanos correspondiente a la Semana internacional de montaña de Gijón, que organiza el Torrecerredo.
Albert ofreció una serie de películas englobadas bajo el nombre de «Fight Gravity», en las que trata de explicar la historia de la escalada deportiva en Alemania. «Mi país tiene una gran repercusión en la escalada deportiva, ya que se formó un grupo en una zona cercana a Dresde que puso en marcha este tipo de escalada». También habló de grandes paredes. «Cuando empecé a escalar lo hice con estribos, de manera artificial, pero luego vi fotos de escalada libre y me pasé a ella», indica Albert.
Para el alemán, «la escalada libre es la escalada, el resto no lo es para mí». Por eso no le gustan nada las expediciones comerciales ni ha participado en ninguna de ellas. «Quiero transmitir la idea de la escalada libre en grandes paredes, como en el Himalaya, la Patagonia, Groenlandia, Canadá; es donde están las paredes más impresionantes del mundo, siempre intentamos vías nuevas, pero no siempre tenemos éxito. El fracaso es parte del juego».
La última proyección de ayer fue una expedición a la Antártida, «es una pared de casi 900 metros que surge en medio del mar, se llama Cabo Renart. Tuvimos que acercarnos en velero porque yo tampoco uso los medios mecánicos, como helicópteros o aviones, para hacer las aproximaciones. Fue una aproximación peligrosa porque es una zona con el mar muy fuerte, pero logramos hacer la primera ascensión a esa torre».
Como todos los montañeros, Kurt Albert no para quieto ni un momento, «el próximo lunes me voy a Venezuela, siempre en busca de cosas nuevas. Volamos a Caracas y desde allí bajamos unos 200 kilómetros en canoa atravesando la sabana hasta acercarnos a un monte que se llama Acopan, en la zona de Depuy. Tiene un desplome de 700 metros en los que queremos buscar una vía nueva». En enero volverá a la Patagonia para intentar repetir una ruta en el Fritzroy que se abrió en 1993 y que se llama El Corazón.
Albert no sólo busca nuevas rutas en zonas exóticas, también lo hizo en España, incluso en Asturias, pero no tuvo suerte, «intenté tres veces el Naranjo de Bulnes, pero no lo logré por culpa del mal tiempo». El montañero considera que «el Uriellu es una montaña única en el mundo. Es algo emblemático. El Naranjo es en España lo que el Capitán en Yosemite; cualquier alpinista quiere escalar la pared del Naranjo».
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