Hubo risas, música, algún aleluya frustrado y muchos nervios, hasta que finalmente David y Gary se convirtieron en el matrimonio WittDe blanco, con botas de piel y por la iglesia. Así se casaron ayer David y Gary Witt, una pareja gay afincada en el sur de Gran Canaria desde hace tres años. Dicen que es la primera boda gay religiosa que se celebra en España. Se bajaron del coche, se dieron la mano y enfilaron el camino rumbo al altar, en donde los esperaba el reverendo Paul Gibson para oficiar un enlace peculiar.
Hubo risas, música, algún aleluya frustrado y muchos nervios, hasta que finalmente David y Gary se convirtieron en el matrimonio Witt. Ambos proceden de Gran Bretaña, viven en el pueblo de Mogán, y han decidido casarse por la Iglesia de San Sebastián porque son creyentes, según explicaron al término de la ceremonia.
La boda se celebró en una pequeña ermita ubicada en el hotel Cordial Playa ante un centenar de personas, la mayoría ellas moganeros que se deshicieron en elogios hacia la pareja. "Son agradables, muy buenos vecinos y creo que la decisión de casarse es un acto de sinceridad", comentaba Carina González, una lugareña que se engalanó para la ocasión junto al resto de su familia. Su hija Zuleima fue la responsable de llevar las flores hasta el diminuto templo ecuménico, cuyas paredes acogían por primera vez un acto religioso.
Entre los invitados también estaba Ignacio Castelerio, un abogado y miembro del Partido Popular de San Bartolomé de Tirajana que ha asesorado al reverendo Gibson en la constitución de su orden religiosa en Gran Canaria. Se trata de una iglesia minoritaria dentro del cristiano, que tiene su origen en Inglaterra, está debidamente inscrita en el registro de entidades religiosas españolas y se caracteriza por su naturaleza inclusiva. Esto significa que en ella se practica la libertad de culto para posibilitar la integración de cualquier persona, independiente de su condición sexual.
Casteleiro aclaró que su cliente es de formación anglicana, doctrina que abandonó para abrazar a la Iglesia de San Sebastián. Para ese entonces Gary y David ya habían cumplido con todos lo rituales de los casorios tradicionales. Se juraron amor eterno, se colocaron las alianzas y se dieron el beso de rigor mientras unos pocos familiares venidos de Gales e Inglaterra aplaudían a rabiar, ajenos a la polémica y a la expectación que ha suscitado el enlace. "Preferimos casarnos así por la emoción de la celebración y la música", aclaraba antes de pasar por la vicaría David, quien se gana la vida cantando en los hoteles del Sur. Su marido se dedica al negocio inmobiliario y ambos tienen 42 y 47 años, respectivamente.
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