En China sigue latente la resaca de la masacre de Tiananmen; en España, Camilo José Cela declara públicamente su amor por Marina Castaño poco antes de recibir el NobelLA década de los 80 se agota, y con ella la movida madrileña. En 1989 Alianza Popular se convierte en el PP y los pinchadiscos en diyeis. Los Refrescos repiten sin cesar «vaya, vaya, aquí no hay playa» y la salsa latina se pone de moda en las discotecas, mientras Georgie Dann ataca con El chiringuito. A los aperturistas les gusta el flamenco «renovado» de Ketama; los clásicos prefieren los temas de Cantores de Hispalis; y los más pachangueros se quedan con Los del Río, Los Manolos y Azúcar Moreno. El público corea a los Héroes del Silencio, que se zambullen Mar adentro, y La Guardia tararea la canción Mil calles llevan hacia ti.
Más de 10. 000 personas huyen de la República Democrática Alemana a través de Hungría. A finales de septiembre, 25. 000 ciudadanos del régimen comunista han huido a Occidente. Comienza la cuenta atrás para el Muro de Berlín, que parte en dos la ciudad desde 1961. Caerá el 9 de noviembre. A medianoche, a trozos. Muchos murieron intentando cruzar el Muro de la Vergüenza; otros lo hacen en la masacre de Tiananmen, el 8 de junio: 4. 000 estudiantes y opositores al régimen sucumben ante las armas comunistas y bajo los tanques del Ejército chino.
Daniel Travanti admite que terminó odiando al teniente Furillo que interpretó en la serie Canción triste de Hill Street y puntualiza que no tuvo ningún idilio con su compañera Verónica Hamel: «Era un interés que únicamente partía de ella, yo jamás di motivo para un hipotético romance». Marlon Brando rueda El estudiante. Pesa 120 kilos y las revistas le quitan la piel a tiras: «Está gordo, calvo y sin ningún glamour». Paradójicamente, la calvicie es el gran gancho de Telly Savalas, que rueda los últimos episodios del teniente Kojak: 24 entregas a 350. 000 dólares cada una.
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